El cantar de trovadores
sudamericanos muestra un continente capaz de enamorar...de la tierra y sus frutos...de la gente, su fraternidad, acogida y diversidad.
Hablar
de América es amar a una mujer, madre y novia. Fortaleza, columna y
resistencia, vértebra andina milenaria de sangre y fuego ardiente, uno de los pilares de la arquitectura mundial.
Cabellera
negra de raíz color tierra. Añosa nieve, espejos del cielo infinito, helada hermosura. Amarillo oro de trigo y maíz alimentaron sus brotes sagrados. Greda rojiza es el color de sus manos fuertes, muslos moldeados y dedos australes de energía magnética y polar. Colores por doquier, abundancia de flores y frutos, verde musgo del
cobre mineral, selva de mariposas y en los bosques, corazones rojos son tus copihues.
América tiene venas y arterias. Ríos de intensa emoción fluyen sonoros de sur a norte. Tu carne es gruesa, te regocijan montes, llanuras, sierras y valles morenos florecen para el bien común. Padre y madre recogen agradecimiento. La Fe es cultivada y la protege la esperanza.
América es un camino, premio al aventurero de mirada amplia. Dibujos, ritos y catedrales. Arena brillante de sol y más inmensa que el horizonte y mar que te rodea. Desde el norte mexicano nos regocijas con tus sabores, eres admirada, amada y ritualista, cálida y afectiva, misteriosa, de amplia memoria,
idealista y audaz.
América desde el centro guatemalteco
apareces,
entregada, cordial, sencilla, sacrificada y querendona.
América desde el sur argentino
eres compañera, igualitaria, fanfarrona, expresiva y generosa. Del sur
paraguayo nos alegras, cantas, vences la muerte, emotiva, simpática, cercana y amistosa.
América desde Chile nos ofreces abnegación, eres luchadora de enérgica libertad, de ciclos
eternos de vida y
muerte, en constante movimiento, embriagada
de festejos y deseosa de reconocimiento, con lo poco se alegra, con la visita
es agradecida y con la naturaleza poetizas.
América
es reconocida como novia, madre y hogar. Útero que alimenta el sentipensamiento y las necesarias utopías de todos los pueblos. Gran lugar que nos provee de sentido y misión para predicar la inacabada construcción de nuestra morada. Es el lugar que tenemos y nuestro legado, es patrimonio tu sangre adolescente de primeras experiencias y madurez. Madre del
sufrimiento indígena, mensaje que desde la humildad recuerda el camino de la
entrega amorosa. Tierra que eres corazón de oro y cuerpo plateado.
América
gran casa, eres aprendizaje de los gentiles, mensaje que se renueva producto de una herencia espiritual, don de persistencia y lucha frente a la imposición. Tenaz
comprensión del mundo que lleva centurias americanas compartiendo amistad. Conciencia
es una bandera, es la senda del sentir compasivo que nos provocan los esfuerzos cotidianos.
América te conocí de blanco y negro. Blanco compañero, inquietud y misión. Negro armónico complemento y profunda humanidad deseosa de superarse. Muerte y fronteras reflejo también de un camino y necesidad de mutación. Mirar
mi casa como la tuya, es sentirnos un gran y extenso grupo humano. Eres mi aprendizaje frente a las olvidadizas luces de la violencia que nuestro sistema económico te ha impuesto. Aprendamos juntos a construir la gran casa de la experiencia dialogal y compasiva para hacerla duradera para los que nos siguen. La sabiduría de la riqueza espiritual indígena dibuja nuestra cosmovisión de lugares y saberes. Una mirada desafiante de apostolado y común unión. Limpiemos los prejuicios, cuidémonos nuestros afectos con atavíos de miradas bellas y tierna proximidad.