La danza de David




Soy un hombre inquieto y observador. He sido pastor, poeta y guerrero. No me di cuenta cuando comencé a escribir, pudo haber sido durante el pastoreo, esta energía nació como el sol en las montañas y no se ha movido del zenit. Mi gran hazaña fue haber vencido a un monstruo del combate solo con una piedra. Mi seguridad auspició la victoria.

Mi centro se expande, se proyecta cual flecha encendida a un cielo sin luna. Iluminar significa hermanar, somos iguales en el trato del buen vivir y este es la aspiración de todos. Pocos saben el secreto; contemplar las certezas del mundo. Alguna vez me di cuenta de ello y lo comparto desde entonces. Las semillas que con luz y sombra fui sembrando apuntan hacia el infinito. Celebro los brotes y los ciclos. Energía y locura ofrezco, reinado  y país inicio.

Rito sagrado de elevada expresión humana. Bailará mi alma en armonía con mis cabellos, extremidades y órganos. Leí antes la historia, dejaré un legado para acompañar su valoración. Mi inquietud es mi identidad; la parsimonia del pastor, la valentía del guerrero frente a la arrogancia del que se impone creyéndose superior.

Y ahora estoy aquí, parado frente a la multitud, seguro y entregado a mis emociones contenidas en una gran vasija de greda con diseños. Todos me observaran, pero yo confío y con eso basta. Creer me ayuda claro está, escucho de Dios y su espíritu desde que recuerdo. Es parte de mi sentir, "jamás solo". Por alguna razón confiar me hace fuerte. Ser pastor me hizo cantar, ser rey me hará danzar.

En este nuevo escenario, justo antes del comienzo, personas estarán atentas a una nueva "gran historia". No sé si podré dárselas. No es batalla que ganar, es sencillamente dejarse llevar por ese sonido que es vehículo de la humanidad en la que creo; la sensible, que empatiza, respeta y se sobrecoge. La que se conoce a sí misma y la que reflexiona en las  diversas y originales maneras de recrear esa espontánea "común unión" que necesitamos.


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