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La maleta del señor caracol y sobre los misterios que ella encierra. 2. La nota de amor



¿Cuánto tarda en crecer un árbol? ¿en cuántos años extiende su ramaje a lo alto y ancho del espacio destinado a ocupar? Las raíces engruesan y alargan mientras lo hacen sus ramas. Dos realidades que se integran para seguir una antigua regla "como es arriba es abajo". Éste árbol era un tanto atípico a lo que comúnmente vemos, flexible y adaptado a la tierra sin perder su meta que es llegar al cielo. Curvo, de muchos tallos y un par de recovecos considerables, brotó contorneándose por los obstáculos hasta levantar la maleta que paciente aguardó su momento. No sabré el motivo por el que he descubierto este universo escondido del tiempo y por el cual estoy contando esta historia, supongo que era una misión solo destinada para mi. Digno afán es el compartir lo que se descubre. Una vez llegado a mi cuarto realicé una limpieza de la cubierta para dejar la maleta arriba de la cama. Mis ganas de continuar su escudriñamiento le ganaron al cansancio producido por el ajetreado transporte de aquel tesoro de pirata. 

Mi bien amado Eugenio, si bien soy su compañera, a veces siento que guardo demasiado silencio. Hoy necesito perpetuar la certeza de mi corazón a través del tiempo. Ser su esposa me ha hecho feliz, ser su compañera en este viaje un honor. Recuerdo cuando fuimos a la montaña, observamos y soñamos con salir al mundo más allá del valle y la gran ciudad iluminada. Yo en ese momento, vi el horizonte como no lo había visto antes. Éramos parte de algo mayor, nos vi juntos y soñé. Soñé más aún cuando nuestros cuerpos sellaron el pacto a través de los labios. Recuerdo los suyos, gruesos y agrietados por el duro trabajo a sol, viento y polvo que desde aquel momento siempre me han acariciado. 
He conocido el amor, supe ahí que lo seguiría hasta el fin del mundo. 

Siempre suya 
  Eugenia.

Eugenio era un niño inquieto, jugaba y cantaba con sus amigos sin dejar de lado los deberes hogareños. Cuando emergió su musculatura juvenil se incorpora en los trabajos de su padre quien había aprendido el arte del metal. Dicha labor tenía gran demanda en la época. No sabremos como fue su encuentro con esta práctica, lo que si se dirá, es que era tal su alegría, que irradiaba felicidad en los siempre atentos observadores del taller situado al aire libre frente a un río que cruza la calle principal. Su inspiración contagiaba, su sentimiento provenía de una pasión y éstas no dejan a nadie indiferente. Eugenio le ayudaba reparando ollas con una especie de parche metálico, además elaboraba repuestos de carretelas en un arduo trabajo que ascendía en complejidad hasta llegar a desafíos mayores. En medio de esas jornadas habría vivido la experiencia más trascendente de la época juvenil. Un día cualquiera, su mirada se cruzó con la mujer que sería al amor de su vida; pelo largo encintado, cabellera del color de las primeras castañas de otoño y un rostro cálido. Su caminar deslumbraba por el sutil movimiento de su cadera que no se disimulaba ni con todos los anchos vestidos de la época. Fue un solo mirar, no hizo falta palabras, pues sus ojos eran de una expresión tal, que al verlos por primera vez, reconoció lo que esta le decía; "soy Eugenia y en ti me veo". Oír las palabras que emergen de su silencio fue una sorprendente conexión que los marcaría. Una rica sensibilidad para expresar y entender los conectará íntimamente hasta el ocaso de sus vidas. La magia del momento fue especial, esa sensación de mariposas en el estómago, fueron cambiadas por una parvada de intempestivos patos en el cielo. Volaron desde el río causando risas y un inolvidable escenario para un encuentro como aquel. Tanto fue la turbación del momento para Eugenio, que intentando continuar con el martillo, dio un golpe fallido que casi le revienta un dedo, por lo que optó por un descanso para tranquilizar su agitado corazón.

Eugenia sería una mujer que lo marcaría. Su silencio traspasará la historia más allá de la tradición sobre la descendencia primigenia de Eugenio. Es que no hacen falta palabras para ser protagonista. Ella se sentía dueña de un rol en una obra de dos actores. Compañerismo, lealtad y entrega desde un atento silencio, ese que no despega su atención de lo que observa. Es que ambos enfrentarían desafíos que muchas veces los harán sufrir, más ella sería crucial para continuar con el proyecto conjunto. Podría no estar él, pero estaba su par que jamás falló en su compromiso. Un propósito escogido como opción y que pudiendo cambiarlo en un especial momento, no lo hizo. Fue fiel a la entrega, lo que consideraba sentido y razón de vida. Seguimiento devoto que fundaría clan. Un trayecto que comenzó enseñando la voz que tiene su silencio, y que fue capaz de transmitir un mensaje para ser captado entre patos voladores y un casi dedo perdido. Un momento catapulta originado en la misteriosa urdimbre que la vida ofrece como como múltiples posibilidades. Dos corazones que reunidos, se transformaron desde el primer segundo.


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Erótica impaciencia

Las aves se posan en relámpagos. Errores sin rumbo en el plano astral amenazan con dañar a los desprevenidos.

¿ Cómo se registra el placer en el cuerpo?

Cambia temor por devoción. Construye puentes sobre los ríos amargos que nacen en las nieves eternas. Levanta un altar al talento del infinito creador dueño de los segundos que transcurren entre la nada y tu todo. Innumerables improvisaciones que liberan infinitas respuestas a los apocalipsis cotidianos.

Registremos placer me dices

Escuchemos las aves sensoriales, tu de ternuras y yo de seguridades. Leones dialogantes ocultan un sueño. Prueba mi fuerza que inquieta. Llega al tesoro escondido, brillante solo con el reflejo de la luna. Cimenta el legado de castañas en flor que alimenta tu sensualidad.

Esperemos...

Perdemos mucho, el hilo se hace delgado y un glaciar cae en el mar. Se levantan los mares devorando motañas de arena y se secan los ríos esperando llegar a su destino.

Hay otras cosas...

Deja tu guardia y atrapa
Deja tu guardia y devora
Deja tu guardia y muestra la profundidad de tu centro fruto primaveral.
Esperar no es vivir.

El cielo esta pavimentado. La estela de los aviones dibuja telas de araña en una celeste calma...




El estanque



En el estanque  del patio escondido
donde habitan los peces de colores

yo  escogeré desde lo profundo
uno que rastrea y que sostiene las flores

tu elegirás el brillante, del sol espejo
el que no teme al calor de su reflejo

el profundo claridad  me habrá entregado
el otro un rojo intenso te ha obsequiado

ambos se harán  un circulo luminoso
y un mándala habrá nacido en aquel pozo

Un complemento hicimos de sensible presencia
y de ciclos nuestra memoria fue conciencia.


Observo


La niebla de la soledad cubre mi ansiosa libertad. El sentir colectivo hace de la esperanza una política. La alegría tiene color de ausencia en las historias de los caminos. Hay pena de rincones en la madera rígida que clava la Fe y tradición. Una soberana sonrisa, vaivén de preocupación. Libre delantal coquetea su cocina en los muslos. Manos culinarias y aromas de conversación. Su bandeja es un sol en el que orbitan planetas lejanos. La pared memorial se levanta y los recuerdos acaban la sed. La barra sostiene miradas hacia el horizonte de risas destellantes. Las mujeres con dueño y únicas realidades animan los televisores con eléctricos sonidos en aquel pueblo hundido y memorial. Bebidas abundantes de gaseosa infancia y coloridos paseos. Desafiantes licores juveniles de iniciadora embriaguez. Vinos de la noche, compañeros de la pasión; vinos del día, con la familia y amistades una gran celebración. Mi apetito tiene deseos plateados, sostenidos en una mano triste de lunar dorado. Escribir calma y convierte. Mi mundo se abre, lo veo en tus ojos.