Años y libertad.


Se llamaría Gastón, así lo dictaminó su dueño. Más el tiempo que fue pasando, modificó su nombre sin nadie percatarse como ni cuando. A pesar de que la intensión era darle ese designio, la pertenencia a su comunidad,  le impediría repetir el nombre del vagabundo que en el pueblo nadie quería nombrar. El pequeño can era un animal indefenso y no podía cargar con un peso tan inmenso, por lo que  con normalidad fue derivando y Bastón se terminó llamando.

La madre era una buena perra, todos hablaban muy bien de ella. Blanca de manchas negras, respondía cuando  Gipsy le decían. Bicolor repetido es la impresión de los recuerdos provenidos; paseos en coche igual que el Barnabas Collins en la televisión de la noche. El automóvil obligaba a las hembras situarse a un lado, mujer en el asiento y animal en sus pies. Perra de su lugar no se movía, muy respetuosa era y bastante cariñosa. Yo miraba desde atrás, testigo con mis hermanos de esa tranquilidad.

El recuerdo del nacimiento; su gran camada casi toda a los cercanos regalada. El último fue el tradicional "benjamín"  o más preciado, un café y blanco querubín. El contexto mandaba una educación  rigurosa, condicionamientos de palmadas, mano abierta a su hocico le daban. Compartir casi la misma educación y alimento lo convirtió de la familia un miembro.

Los años perros  son de paso veloz. Saliendo con el dueño descubriría su vocación. Respondía con un frenesí feroz al sonido de una escopeta, principios década ochenta de un siglo veinte de dictaduras y metralletas. Su olfato no fallaba, se esmeraba buscando la presa, pues su misión era dejarla, en los pies del que a cazar el fin de semana lo llevaba. La casería es pasatiempo antiguo, cuya respetuosa regla es comer la presa que se mataba en el momento. Las perdices le dieron bautizo a su clasificación; perdiguero de olfato despierto y rico en prestar atención. Con ellas empezaría, para luego repetir su labor y correrías; conejos, liebres, garzas y zorros.

Lo que mejor hacía era ladrar y dejarse querer. En una casa con varios niños el aprendizaje y cariño abunda; frente a la escucha es responder mostrando astucia. Un perro que caza, comunica y resguarda su territorio, sello fueron de su conductual repertorio. Era protocolar el saludo al quiltro Bastón, antes de entrar al hogar un susto, grito y preocupación. Esperaba siempre con rigor ser presentado ya que cualquier desconocido era potencial invasor. Un secreto muy sabido teníamos, más asumamos que nunca  lo explicitamos. Perro que ladra no muerde, fue el mandato correcto y muy presente  ya que sus colmillos no colocaría, más que al sabroso resultado de su casería.

La época de soledad le vino a la mediana edad. Sin haberse ocupado del natural deseo de procrear, un día se perdió en la búsqueda de una par, que trajo después de tres días a su lugar apreciado. Llegó acompañado de una perra, igual de raza y de mismo tamaño. Para no dejar que nadie la tocara se volvió fiero en su querer, pero no le valió para mantener, la vida de a dos que quería y era aceptada por la familia  que curiosa la comida les serviría.  No se conoce descendencia oficial de ese idilio de abrupto final.

Le gustaban los ríos de anchura y profundidad mediana como los que existen en su tierra mapuche-araucana. Nadar era su deporte favorito en tiempo estival. Las corrientes eran fuertes, más nunca se entregó a ellas olfateando así una potencial muerte. Muchos ríos conoció y la felicidad era el viento en su cara y a su lengua sentir que volaba. Caminar también era un agrado, casi tanto como meterse al agua sin regaño. Circulaba por la ciudad durante el día volviendo a la tarde, para su descanso de perro entregarse. Era tal mi sorpresa de encontrarlo caminando por la ciudad. ¡Ándate a tu casa! Era mi instrucción y cabeza agachada obedecía siempre que no necesitaba su compañía, pues sin mayor reparo como sombra estaba a mi lado.

Tuvo una etapa oscura de adicción.  Seguir a otros nos puede llevar a la perdición. Las ruedas ladraba en la gran avenida  donde la casa estaba. A pesar de algún golpe y el alto riesgo que traía, persistió en sus andanzas con valentía, hasta que una rueda  lo dejó sin cola y al veterinario lo llevaron sin más demora.  De su rabo dejó de ser dueño en un hospital de animales, espacio donde fue recuperado de todos sus males. La sanación  del vicio lo dejo tranquilo, no quedándole ganas de tocar esa espada de conocido filo.

Después envejeció. Años perros pasan ligero y como todos fue sintiendo que sus experiencias  habían marcado su ya cansado cuerpo. El culo dejo de  sostener cuando sus patas firmes no pudo mantener. La gran vida fue mostrando lenta, lo agradable de una familia cuidadora y atenta. Durmió como un cachorrito,  con camita en la casa, esta vez al segundo piso que con presteza era subido.  Su comida en especial fue transformada, por ya no tener dientes,  leche y su pan a rebanadas. Atrás quedaron los huesos que mascaba, en aquel momento con su lengua los acariciaba.  Hoy en estas letras con rima, no dejo de recordar la ternura de ese momento y en el corazón una hebra de nostalgia voy sintiendo.

Sin duda nos hizo crecer, en la memoria se instaló no como humano ni animal sino como un sentimiento mostrado por un ser especial. A un hermano le tocó su entierro, a la naturaleza fue entregado para que a los brotes sea alimento y un nuevo ciclo sea generado. Se cumplía así la biología y también la originaria espiritualidad. Tu alma cuida  una tierra conocida y ahora perseguirás mucha füdüg para la Ñuke mapu entregar.

Concluyo mi historia que termina en homenaje, al que fue  un poco persona ya que los años y la libertad determinaron su humanidad. Te la debía "Bastón familiar" por haber sido en mi vida protagonista tan particular.

6 comentarios:

  1. Que lindo y nostálgico a la vez yo no me acordaba del bastón de la gipsy si y claro pobre perro 🐕no merecía el nombre de Gaston .Sin lugar a dudas un comentariocon mucha emoción y nada mas que felicitarte y como decía Carcuro me pongo de pie frente a este gran poeta.

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  2. gracias Marlene por tu apoyo. Es mi deseo ser mejor y expresar de bonitas formas lo mucho que guardo.

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  3. Me gustó mucho tu texto, me llevó a recuerdos de infancia, donde en algún momento, también tuve un amigo can. Saludos

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  4. Saludos, me alegra que te haya gustado. No nos percatamos que tan aventurera es la vida de los perritos hasta que la recordamos.

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  5. Sin duda un gran homenaje a ese ser, que tantas noches nos entregó más que calor,bastón,hermoso Bastón que a la par compartió su vida con nosotros, refugiándonos mutuamente. Hermoso lo que nació para el Paulo,saludos!

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    1. Gracias por tu especial comentario, fue toda una hazaña rememorar su historia. Hubo sentimiento e intención de regalarle trascendencia con este acto de la escritura.

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