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Malestar en la urbe

 


Ejercicio descriptivo del malestar en un escenario. 

recrea un mundo de sensaciones de desagrado, 

la práctica cotidiana del escribir constituye desafío, 

la sensorialidad es proceso para una meta en la que confío.


El barullo urbano es un bombardeo implacable a la tranquilidad. Ojos errantes de insatisfacción repletan una popular cafetería. El cerebro se alerta al percibir desajustados comportamientos de seres alienados que circulan buscando atención. Una alarma es encendida por un supuesto error, la sirena irrita mis oídos en el universo donde el presente es el único tiempo. Cuando logran apagarla pienso en lo inmenso de la palabra suplicio, nos quedamos con su impacto más que con su duración. Me dirijo al maloliente baño y una casualidad me conecta con una voz despistada detrás de la puerta que solicita que le comunique a quien corresponda la falta del papel. Reflexiono sobre la vulnerabilidad humana a la que nos conducen los sencillos descuidos. Le entrego con burla el imprescindible elemento. Acostumbro llevar uno en mi bolso de trotamundos precavido. Vuelvo al local y una antigua tez conocida no muestra interés por el intercambio de un saludo. Ello la hace merecedora de un lugar en este ejercicio de malestar en la urbe. Mi estomago anudado niega la entrada de algún dulce del aparador. El café advierte el desvelo en un crepúsculo lleno de ansias por el regreso al hogar. Se cierran los poros al roce con el entorno, la memoria dispara sensaciones de proximidad como sinónimo de riesgo. Siento cansancio, las plantas de los pies recuerdan piedras, arena soleada y pantanos, además del implacable y cada vez más extenso pavimento. Maniaca ansia por apreciar todo en cuanto hay, seguí este mandato como si fuera divino al mantenerlo incuestionable a pesar de la agotadora espera. 



El Mercat de la Mercè

Photo by Jessica To'oto'o on Unsplash

Catalunya de humildes y prodigiosos personajes  
que sostienen el  tiempo con su diario quehacer 
los mercados son custodios de tesoros extraordinarios
templos ilustres de compañía para nuestro vivir rutinario.

...madrugadores y corredores, enamorados  y cantores...

En un barrio del siglo dieciocho junto a la masía señorial
para el servicio de los habitantes se encuentra este recinto
vecino de la historia religiosa y sus muchos nombres 
santa trascendencia que convoca devoción territorial.

...la parada hay que instalar, todo organizado y  esmorzar...   

Centro de vida colectiva para ciudades y su proyección
renovado sentido gracias a un rol público del ajuntament
planificación urbana para un centro cívico y patrimonial
encontrarse es la esencia mantenida  en la Mercè.

...carne, pescados y mariscos, fruta y los graznidos de una gaviota...

Cinc de la matinada en las calles de Barcelona
los sueños circulan ebrios cansados de tanto festejo.  
El pan y pescado, la carne y la fruta abren el mercat
un hábito nocturno de apertura y recibimiento  
lindas personas cuya moral es solo laboriosidad
valientes abejas, su polen es miel para disfrutar.

...hielo, plátano, café, arengadas y una cola de rapé...

Semana de  faena, y productos de calidad
tradición almacenada  galería de puertas subterráneas
tradición agradecida, observación para un ofrecer cordial. 

...transeuntes, bienechores, abuelitas y deambuladores...

Bar, tienda y hogar son tejidos de pequeña sociedad  
circuitos de compañía para un abrigo a la medida 

y es que dejo mi dinero como una paga especial

por el producto
                    por el ambiente
                                     por tu amable trato

y es que en el intercambio nos acercamos más
recordando que perpetuamos nuestra comunidad. 

Una casa de curiosidades y gatos.




Había un a vez, un país donde existían casas solitarias. Una de ellas se forjó de las impresiones que un hombre andante recolectaba y que en sus muebles se transformaban en curiosidades. Tantas llegó a tener que sin darse cuenta aparecieron gatos. Todos saben que son muy amigos de la novedad, por lo que rápidamente invadieron ocupando los espacios y reclamando atenciones. En ocasiones, se aburrían de explorar, entonces se dedicaban a  perseguir recuerdos de transeúntes repentinos, a fin de cuentas en todas hay algo de novedad que escudriñar.

Esta casa era especial, al mirar sus altas paredes daba la sensación de que la propia mente estuviese colgada. Existían varios y muy pequeños rincones oscuros frente al gran vacío quien era el indiscutido dueño del lugar. Candelabros alargados cubrían el cielo de las habitaciones, sus curvas de bronce eran como enredaderas. Todas terminaban en ovaladas bombillas grises por un sutil polvo. Fueron el reemplazo de las velas que alguna vez tuvieron sus días de gloria. 

Mundo viajero de intercambios. Ilimitados mensajes surcan el agua,  la tierra  y los cielos para instalarse construyendo tiempos. Aquel andante salió en el ayer y sin darse cuenta encontró un mañana.  Fue testigo de una historia pretenciosa. En aquella casa se instaló la añoranza como condición, regla que mide y argumenta. Potenciales interacciones crearon presentes desesperanzados que se han justificado en ayeres inconclusos.

El tiempo fue confabulando para crear mañanas ansiosos. Con mediana certeza,  ahí estaba el origen de aquellos gatos ladrones del presente. Nadie los invitó, solo llegaron. La casa se sintió animada al inicio, sin embargo se multiplicaron para ocupar aquel gran vacío. Todas las construcciones tienen sentimientos, ésta no es la excepción, por ello jamás se atrevería a botarlos. No era problema de gatos sino de mala memoria. Fue olvido constante solo animado por fiestas repentinas. Fue un proceso lento, aunque nadie sabe si se inició antes de la llegada de las bombillas, las que simplemente permitieron iluminar el transcurrir silencioso de la casa que abandonada por las personas ha sido ocupada por tan atípicos moradores. 

Un rincón exclusivo para hacerlo tuyo.

Cerdanyola del Vallès. Fotografía de Roberto Morales Gonzalez
https://www.facebook.com/roberto.a.gonzalez.14?ref=br_rs



Montañas y tormentas frente a la todopoderosa bóveda celestial
toco las hojas, el piso me eleva buscando equilibrios
los graffittis muestran lo que no me atrevo a contar todavía.
No paro de leer en voz alta, necesito escucharme,
conectar mi voz con mi oído, entregarlos a una sola dueña,
la dulce tranquilidad del momento especial.

Pruebo la frustración de gusto amargo,
pero muy sana como una cáscara cítrica
oigo el agua del costado circulante que conduce la barca sideral.
Olfateo primaveras floridas y otoños húmedos,
las épocas de transición son de olores intensos,
como los cambios esperados que estimulan
esos que nos llevan a su fuente
la del sol abundante de brotes y frutos.

¿Como ocupas  tu lugar en el mundo?
¿Te proteges del sol que nace o del que se esconde?
Los ciento ochenta grados de dimensión universal,
hemisferio de letras y arquitectura de símbolos
abierto a la exploración desde un centro que es horizonte.

Mirador de calaveras y galería de relámpagos
en un ecosistema circular el río es un maestro,
toda comunicación sigue un natural cauce
cuando al lado del río quedamos, la expresión es corriente.
Agua que lava heridas y desata nudos dejados
palabras arrastradas por intensos caudales.
Sabio consejo mapuche del cono sur ¡ habla cerca del agua y aprenderás!
gran serpiente que susurra magia dando poder a quien la hipnotiza.

Se ocupa un lugar leyendo en voz alta, es requisito para ver al otro lado de los picos,
imaginar lo que viene, luces y un mundo testigo de que crees en lo que yo creo.

Sitios cambian a cada instante pero mi rincón es invariable
declaro un metro cuadrado como propio,
coordenada cuántica de creatividad y soltura
cielo y tierra, agua y concreto, una esquina de intimidad.
Que nadie escuche si las hojas desprendidas no oyen
que nadie observe si el aire instintivo y ciego no mira.

Filosofìa callejera, poesía itinerante y mundana
háblame y extrae los versos que  necesites;
algunos dicen que los muertos comunican a través de cada quien,
pero los elementos  del universo están vivos.
¡hay demasiada vida para que los muertos hablen en nosotros!

En el tiempo fragmentado de la poesía,
media hora es precisa para la conclusión de historias
solo un pequeño instante basta para gritar palabras
condición para continuar el tejido armónico del sostén creativo.
Remolino de hojas que el aire eleva
desde el profundo azul de una corriente sagrada.


El escenario poético

La tardor en Catalunya. Tiempo de castañas.


Deposité mi cuerpo,
pero mucho mas mis ilusiones,
en un piso de tres generaciones,
de un barrio de múltiples transformaciones,
en una ciudad de variadas vegetaciones.

Un señor bueno como el pan,
del sur por años instalado
y su mujer de baja estatura,
de inversa proporción a su bravura,
se alegran por el camino iniciado.

Inmediatamente me soñé ave, que con forma de planeador deja  el suelo que pisaba,
siendo alones los que para el presente y mirar su norte ganaba.

Voy a describir el escenario donde me situé,
convencido que un simpático poema les presentaré.

En las ventanas aparecen pétalos de cardenal,
que provienen del edificio del frente;
su visita busca una experiencia trascendental,
con el viento conquistaron el vacío,
rojo fuerza, sorpresa y animo decisivo.

Las aves  son vecinas de la ciudad,
loritos, pequeños migrantes ruidosos,
palomas por el ocio alimentadas,
son  de los parques fotografías cotidianas,
urracas intranquilas y valientes,
en la terraza son sorpresa
¡únicas y presentes!.

Un pajarillo especial me lleva a explorar
la ventana donde  se expande un canto,
que regala una muy sonora curiosidad.
Sus canturreos son música en un barrio
de conversaciones, coches y ajetreos cotidianos.

Asumo la misión de conocer
ese vecino cantor de melodía centenaria,
que trae el recuerdo del pasado libre
desde una jaula blanca posada,
con audiencia sensible y asegurada.

Los murciélagos tienen presencia,
no obstante la noche los oculta.
Destellan en el atardecer naranja,
en círculo a los mosquitos dan caza.
Su características alas  de mamífero volador,
develan su fama de tétrico y nocturno cazador.

Los árboles despiden en primavera
semillas  en el cielo y en la tierra.
De la colina, frente a la calle baja
y entre edificios pasa
una ráfaga cuya función,
es esparcirlas en todo rincón.

Tortugas vecinas, son dueñas del minuto,
avance temporal transcurre
hasta  que mi anhelo se concrete,
para sentir este viaje una conquista de éxito
y la poética  se refuerce
todo lo que se merece.