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La araña filósofa.


En un amplio salón universitario
una mano peluda expresaba 
escucha silenciosa y subjetiva racionalidad
 las ideas en el espacio eran por ella situadas.

...pero nadie sabe donde ni cuando...

Un imprevisto momento de distracción puede generar una mutante transformación.

Esa mano es araña y sobre la mesa asusta 
   pensativa oye la conversación 
 ¿donde encuentro una segura víctima?
 una presa de la ignorancia
 de poca reflexión y de lecturas ínfima.  

Se conecta en algunos momentos
cuando una idea es atractiva,
pero en otros siente ganas de alimentarse
colgada desde su red tejida.

Paciente espera mosquitos,
personajes de zumbido persistente
 más para su apetito no le resulta suficiente
ya que son solo palabra que circulan vacías,
 mucha impresión,  pero de carne reducidas.
  
Por las ideas profundas siente atracción
 deseo insatisfecho en estos días 
un tanto resignada concluye muy formal:
" el aumento de la opinión aporta,
la tolerancia y libre expresión importan".

Araña vigilante de la contradicción 
 atrapa molestos ruidos que generan indignación
divagando sin sentido y ocultando mezquinos intereses,
 posturas que son conveniencias
para desviar la urgente preocupación
por el buen vivir y la humana reflexión.



La capacidad resiliente del señor caracol.




Lleva su casa en la espalda, algunos piensan que es una carga, sin embargo la autonomía es una cómoda sensación que lo libera orientándolo en cualquier dirección. Su casa es única, vive desprendido de cables innecesarios, haciendo suyo todos los ambientes que visita. Hay lugares no del todo confortables, de esos escapa; hay veces en que se mantiene allí en alerta y otras procura balancear optando al sacrifico siempre que el fin signifique trascendencia. 

Es lento dicen algunos que al pasar lo ven. No importa  piensa, "ellos no entienden mi prioridad". Opta por lo importante dejando de lado a la rápida urgencia siempre acaparadora de atención y exigencia. Siente que tiene una conquista que es su secreto y es no darle en sus proyectos un hueco. La clave es dar tiempo para analizar situaciones y por ello no la ha enfrentado salvo frente a un par de cuestiones. Ha desarrollado una precavida comprensión, que se ha transformado en su principal seguridad frente al mundo de prepotencia y bombardeos;  discursos tergiversados y descuidos exagerados.

Ajustarse a todos los ambientes es una ventaja. A veces se lamenta de su condición, pero dura poco su sentir ya que solo agradece como lema y especial actitud, abriéndose paso por un camino de baba que con la tierra que pisa ha de compartir. 

Su hogar es un espacio de escalas circulares conectadas directo a su centro. Galerías interiores, imágenes cual fotografías gigantes de múltiples situaciones adornan un lugar que pequeño se muestra, pero mágicamente cobra una dimensión lo suficientemente grande. Hasta cuartos oscuros alcanza a mantener donde guarda sus fieras y fantasmas que procura no alimentar, ni mucho menos frente a ellas ceder. No hay casa que no tenga aquellas cuestiones, de alguna manera son necesarias para dar defensa a las murallas. Se siente orgulloso por el conocimiento de su gran hogar visitado hasta el ultimo rincón que lo mantiene tranquilo y consigo mismo congraciado. 

En su centro se ha guardado, de las tempestades se ha protegido ya que funciona como sótano de gran utilidad. Recuerda haberlo visitado en casos particulares en los que siempre ha encontrado algo nuevo que traer de allí  para retomar cada prioridad. El señor caracol subió una montaña esperando dominar un gigante dragón y encontró un parásito que lo distrajo de su esfuerzo, quitando toda grata emoción. A su centro se sumergió y un baño de novedad  fue la planetaria conexión para con el viento forjar una especial amistad. En otro momento siguió una intención y se sintió equivocado, solo la trascendencia lo convencía participar en una historia demandante de toda su energía. Su casa sintió moverse después del grandioso mar que temeroso cruzó. Bellos lobos recorrían esos parajes no fijándose en sus pisadas que abrumaban todo su muy compuesto ropaje. Volvió a su centro cabizbajo y un nuevo afán entonces nació al retomar sus viejos deseos cuando le contaba sus ilusiones a la luna y su reflejo.  

Hoy el señor caracol  sigue caminando; opta por caminos con solo un norte que lo tiene analizando su gran abanico de posibilidades llamado horizonte. Decidió solo prestar atención al deslumbrante sol de vivificante calidez. Precavido solo como el ha sido, fue aprendiendo de sus antenas observadoras, quienes de pequeñas no han dejado de seguir,  la maravillosa capacidad de hacer que las flores continúen reflejando su imparable brillo. Flores de un verde campo que ingrato se queja sin darse cuenta que ese círculo luminoso jamás de su lado se aleja.