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Un año de danzas circulares

 Imagen de Hans en Pixabay 


Danza el universo, polvos elementales persiguen un centro. Las galaxias ordenan lo existente en el espacio sideral. Danza el sol, cuyos astros lo llaman Dios, centro del tiempo, la música y la comunidad planetaria. Danza nuestro mundo, montañas, nubes y viento. Sobre todo viento que con las aves y las hojas comparten la alegría de una fiesta. Danza mi pueblo, las manzanas de diciembre y las hierbas medicinales que siguen el camino trazado. Danza la flor y el fruto, los padres que buscan  y el hijo que encuentra. Danzamos con la siembra y las cosechas. El alimento que recibimos tiene memoria, la comida transforma  cada mesa en un altar. 

convivencialegríamistadiscocinarrebolucesensacionespantapajarosandrorugasonidosorpresaseo


convivencia

hospitalidad

conciencia 

tranquilidad

esencia

comunidad

paciencia

amistad

constancia

fraternidad


La luna es el punto plateado que desde el confín nos focaliza. Madre de los ciclos cuyo cuarto creciente guía la siembra, para que la savia se eleve y para que se unan los diferentes. Nos observas y celebras, sin diferencias, giramos descubriendo a la luna. Sus brillos de plata nos tiñen los cabellos de nuestros rostros y cabezas. Somos círculo, todo se manifiesta en un círculo que aprecia al centro. Manos apretadas conectan con cuerpos receptivos. Todos los puntos aprecian al centro. Nos transformamos en estrellas del atardecer, somos añoranzas de nuestros ancestros, el círculo ha renacido, la unidad se perpetúa. En algún momentos nos convertimos en brillantes constelaciones.


ciclo

huerto 

disco

cuerpo

villancicos

luna

clásicos

música

amigos

manos

quincho

fruto

sonidos

risas


atreverdurantiguedadesperanzatencionesablesilencioloresaborespacioracióniñez

La danza de David





Soy un hombre inquieto y observador. He sido pastor, poeta y guerrero. No me di cuenta cuando comencé a escribir, pudo haber sido durante el pastoreo, esta energía nació como el sol en las montañas y no se ha movido del zenit. Mi gran hazaña fue haber vencido a un monstruo del combate solo con una piedra. Mi seguridad auspició la victoria.

Mi centro se expande, se proyecta cual flecha encendida a un cielo sin luna. Iluminar significa hermanar, somos iguales en el trato del buen vivir y este es la aspiración de todos. Pocos saben el secreto; contemplar las certezas del mundo. Alguna vez me di cuenta de ello y lo comparto desde entonces. Las semillas que con luz y sombra fui sembrando apuntan hacia el infinito. Celebro los brotes y los ciclos. Energía y locura ofrezco, reinado  y país inicio.

Rito sagrado de elevada expresión humana. Bailará mi alma en armonía con mis cabellos, extremidades y órganos. Leí antes la historia, dejaré un legado para acompañar su valoración. Mi inquietud es mi identidad; la parsimonia del pastor, la valentía del guerrero frente a la arrogancia del que se impone creyéndose superior.

Y ahora estoy aquí, parado frente a la multitud, seguro y entregado a mis emociones contenidas en una gran vasija de greda con diseños. Todos me observaran, pero yo confío y con eso basta. Creer me ayuda claro está, escucho de Dios y su espíritu desde que recuerdo. Es parte de mi sentir, "jamás solo". Por alguna razón confiar me hace fuerte. Ser pastor me hizo cantar, ser rey me hará danzar.

En este nuevo escenario, justo antes del comienzo, personas estarán atentas a una nueva "gran historia". No sé si podré dárselas. No es batalla que ganar, es sencillamente dejarse llevar por ese sonido que es vehículo de la humanidad en la que creo; la sensible, que empatiza, respeta y se sobrecoge. La que se conoce a sí misma y la que reflexiona en las  diversas y originales maneras de recrear esa espontánea "común unión" que necesitamos.