El Mercat de la Mercè

Photo by Jessica To'oto'o on Unsplash

Catalunya de humildes y prodigiosos personajes  
que sostienen el  tiempo con su diario quehacer 
los mercados son custodios de tesoros extraordinarios
templos ilustres de compañía para nuestro vivir rutinario.

...madrugadores y corredores, enamorados  y cantores...

En un barrio del siglo dieciocho junto a la masía señorial
para el servicio de los habitantes se encuentra este recinto
vecino de la historia religiosa y sus muchos nombres 
santa trascendencia que convoca devoción territorial.

...la parada hay que instalar, todo organizado y  esmorzar...   

Centro de vida colectiva para ciudades y su proyección
renovado sentido gracias a un rol público del ajuntament
planificación urbana para un centro cívico y patrimonial
encontrarse es la esencia mantenida  en la Mercè.

...carne, pescados y mariscos, fruta y los graznidos de una gaviota...

Cinc de la matinada en las calles de Barcelona
los sueños circulan ebrios cansados de tanto festejo.  
El pan y pescado, la carne y la fruta abren el mercat
un hábito nocturno de apertura y recibimiento  
lindas personas cuya moral es solo laboriosidad
valientes abejas, su polen es miel para disfrutar.

...hielo, plátano, café, arengadas y una cola de rapé...

Semana de  faena, y productos de calidad
tradición almacenada  galería de puertas subterráneas
tradición agradecida, observación para un ofrecer cordial. 

...transeuntes, bienechores, abuelitas y deambuladores...

Bar, tienda y hogar son tejidos de pequeña sociedad  
circuitos de compañía para un abrigo a la medida 

y es que dejo mi dinero como una paga especial

por el producto
                    por el ambiente
                                     por tu amable trato

y es que en el intercambio nos acercamos más
recordando que perpetuamos nuestra comunidad. 

Un relato medieval. Mi leal compañero frente a los peligros.


En la Europa sin tiempo, un caminante ilusionado se atreve. Desde las segura protección de su casa familiar, decide no esperar que la peste o las guerras golpeen su puerta. Se anima y responde la exigencia práctica de una pirámide social que sin preguntarle le impuso pobreza. Sigue la ruta de la obligación a la ciudad de los Encuentros, sin duda la más grande de la provincia. Un bosque lo separaba de su destino, un riesgo que necesitaba correr. Era la única manera de satisfacer ese anhelado deseo de cambio cuyo norte es la digna elección de una vida nueva. Intercambios diversos; anuncios,  bienes, saberes y bolsas, una mínima riqueza para con soltura pagar la entrada al gremio, alternativa de compañía y protección para su humilde linaje que por ahora es de aventurero.

Caballeros y trotamundos con sus emblemas coloridos andan por doquier. Osados cabalgan, ansiosos me observan. Sus ojos buscan la competencia y quizás una digna guerra, buenas razones por la cual luchar. Se prueban a diario por estos caminos, saludan corteses y pasan raudos a mi lado.

Me encuentro con la casa del noble, un hito de entrada, un pequeño valle de pepitas doradas que miran al cielo, bordado alimento que hormigas laboriosas han tejido para la colonia. Tiene recursos, cuenta con la infraestructura necesaria, animales y herramientas satisfacen las expectativas de los señores. Seguridades y capacidades sostienen  a los campesinos de ésta comarca, guardianes esforzados de la montaña.

El bosque exige respeto, entro  por el sendero y observo sus claroscuros. Mundos visibles e invisibles a los que respetuosamente respondo por la tradición del compartir fraterno. Mi padre y mi madre son mis dueños, a ellos me debo, dos grandes montañas dónde nace este tímido cauce que va creciendo mientras avanza. Mis antiguos nos heredaron villas donde antes habían chozas, dejaron una dialogante lengua para contar nuestras historias y enseñar convicciones donde antes había solo una  escueta y dolorosa existencia.

Un puente de piedras sobre un curso de agua es una parada natural. Diminutas fortalezas que unen la tierra permitiendo descanso y sombra. Puntos húmedos de aire espeso, olores a fango y raíces, aire que entra como si fuera una nube entrando por mis narices.

Amplio sendero de frondosos árboles, dueños majestuosos del bosque dejan pasar unos pocos rayos de sol. Frente a mi, una recta galería que termina en un cercano horizonte. Un divina y gran pintura junto a un riachuelo que circula paralelo. Siento una persistente inquietud, solo una briza cálida roza mis mejillas, no percibo viento suficiente para que mueva tal frondoso paraje. Oigo ruidos a mi alrededor, me siento impresionado por las criaturas que habitan esta gran morada. Me intranquilizan estos tramos; soy fuerte y valiente, pero jamás preparado para enfrentar aquellas fuerzas de la naturaleza desconocida que son terreno de magia oscura, hechizos y maldad. Pienso en el Pesanta, perro fantasmal y nocturno que presiona los pechos de sus víctimas escondido en la oscuridad. Catalunya tiene historias y de pequeño nos enseñan precaución y coraje para enfrentar aquel mundo. Mi hermana sufría de pesadillas, un sueño intranquilo, noches agobiantes hasta que mis padres nos encomendaron a los custodios. Una vela de protección, un gran cirio encendido en un lugar especial. Después de ello, solo tranquilidad, placenteras noches para mi hermana y todos en mi hogar. Cojo mi cadena de custodios, nos la regalaron en la iglesia del pueblo. Me siento más seguro si la tengo en mi mano. De pronto, ya saliendo de aquel bosque de forma intempestiva aparece un perro, era enorme, de pelo negro y puntiagudo, ojos brillantes como reflejando toda la intensidad del sol en ellos. Lo tenía en frente y me quitaba el aliento, de la impresión sentí mi carne moverse de mis huesos. Me detuve, cogí mi fiero cuchillo de bronce, mi  leal compañero frente a los peligros. Inevitable reunión de los humanos con la dificultad, hombre y bestia, un obstáculo para un peregrino, toda la energía del mundo en mi mano. Mi Fe y mi fuerza frente al sino tramposo, un mal juego para este humilde aventurero en búsqueda de buen pasar.

Acabo de abrir los ojos, todo aquel recuerdo se me vino de pronto. El trayecto,  la bestia, la lucha. ¿ que ha pasado? Entra mi madre, me tranquiliza y seca mi sudor. Veo agua,  fuente con paños,  ramas de romero en los rincones de mi habitación y una jarra con una especie de  tónico. Me cuenta de la fiebre, de mi mala noche y de que mi padre se encuentra en la Iglesia del pueblo. Traerá un gran cirio, ese que en el centro de nuestro hogar irradiaba luz y tranquilidad, ese que había logrado espantar la primera de esas visitas nocturnas que tuvimos en aquellos años.