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¿ Hacia donde marchan los gatos cuando se van?

 

Gorbea, Prat esquina Matta. 

¿Hacia donde van los gatos cuando escapan? encuentran la entrada al mundo paralelo donde se reúnen con sus pares. Se divierten siguiendo las hojas y pequeños insectos, se regalan sorpresivos zarpazos  y luego corren. Maúllan a la luna farolera, esa que trabaja circundándonos desde el cielo. Los gatos saltan las montañas como si fueran tejados. Su oído es un radar que les ayuda a detectar los mejores momentos de las historias que perseveran. Son fanáticos del terror y del suspenso. Brincan entre el silencio absoluto y el feroz rugido del desenlace fatal; o se recuestan en la suavidad de su pelaje y ronroneo, efecto provocado por un final feliz.

Dejan anticipadas huellas, son útiles para circular en todas las direcciones sin extraviarse. Sus rasguños son hitos para encontrar fantásticos caminos dejados por otros. El carácter felino construye una gran fortaleza de rutinas y tranquilidad intransable; además es celosamente camuflada por un entretejido orgullo. Delimitan para expresar su autoridad, la idiosincrasia de gran señorío exige territorios. Son dueños de la tierra de anhelos cumplidos, en ella todo es perseguido con  mucha calma y perseverante observación.

Hoy le escribo a mi corazón. Busco la respuesta a la pregunta que me dejó incrustada mi gatita que no se marchó, sino que fue fiel a su naturaleza ¿ hubiera tenido sentido tenerte encerrada? No lo creo. Fanático de los ritos es el que escribe para desatar el nudo.  Transformación del sentimiento que deja una intempestiva marcha sin despedida. Desapego es agradecer y dejar ir, desapego es confiar y encargarle al viento del oeste que te lleve mi afecto y que te recuerde. Por si quieres visitarme, aquí tienes tu hogar.


Una casa de curiosidades y gatos.




Había un a vez, un país donde existían casas solitarias. Una de ellas se forjó de las impresiones que un hombre andante recolectaba y que en sus muebles se transformaban en curiosidades. Tantas llegó a tener que sin darse cuenta aparecieron gatos. Todos saben que son muy amigos de la novedad, por lo que rápidamente invadieron ocupando los espacios y reclamando atenciones. En ocasiones, se aburrían de explorar, entonces se dedicaban a  perseguir recuerdos de transeúntes repentinos, a fin de cuentas en todas hay algo de novedad que escudriñar.

Esta casa era especial, al mirar sus altas paredes daba la sensación de que la propia mente estuviese colgada. Existían varios y muy pequeños rincones oscuros frente al gran vacío quien era el indiscutido dueño del lugar. Candelabros alargados cubrían el cielo de las habitaciones, sus curvas de bronce eran como enredaderas. Todas terminaban en ovaladas bombillas grises por un sutil polvo. Fueron el reemplazo de las velas que alguna vez tuvieron sus días de gloria. 

Mundo viajero de intercambios. Ilimitados mensajes surcan el agua,  la tierra  y los cielos para instalarse construyendo tiempos. Aquel andante salió en el ayer y sin darse cuenta encontró un mañana.  Fue testigo de una historia pretenciosa. En aquella casa se instaló la añoranza como condición, regla que mide y argumenta. Potenciales interacciones crearon presentes desesperanzados que se han justificado en ayeres inconclusos.

El tiempo fue confabulando para crear mañanas ansiosos. Con mediana certeza,  ahí estaba el origen de aquellos gatos ladrones del presente. Nadie los invitó, solo llegaron. La casa se sintió animada al inicio, sin embargo se multiplicaron para ocupar aquel gran vacío. Todas las construcciones tienen sentimientos, ésta no es la excepción, por ello jamás se atrevería a botarlos. No era problema de gatos sino de mala memoria. Fue olvido constante solo animado por fiestas repentinas. Fue un proceso lento, aunque nadie sabe si se inició antes de la llegada de las bombillas, las que simplemente permitieron iluminar el transcurrir silencioso de la casa que abandonada por las personas ha sido ocupada por tan atípicos moradores.