Mostrando entradas con la etiqueta Federico García Lorca. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Federico García Lorca. Mostrar todas las entradas

Hogar, sueño, tiempo...

 


El sueño va sobre el tiempo flotando como un velero
Nadie puede abrir semilla en el corazón del sueño 

 La Leyenda del tiempo. Federico García Lorca


Las personas que no tienen casa, hacen del mundo un hogar 

soñamos con lo tangible, compartimos sensorialidad que nos invita si la cuidamos ya que siempre esta condicionada por la sensación de vulnerabilidad. Somos casas pero también hogares. Bendita es la integración de ambas, porque van separadas. Algunas casas pueden ser rígidas y sofocantes, los hogares se abren en un corazón y en el corazón del corazón de un territorio

visible como inmaterial, 

madre- padre, 

territorio, memoria y espiritualidad. 

El hogar es tatuaje en la piel grabado en los cinco minutos antes del amanecer de la noche más larga. De todos los colores destacaron el blanco y negro de tradición y sentido, como también el rojo y plateado del actuar apasionado.

El hogar somos nosotros. Habitamos nuestro lugar primario que es el cuerpo, reconocemos la corporalidad con la perseverancia con la que dejamos que crezca la gran caracola, en ella guardamos equipaje para el tránsito por un mundo curvo de huellas que siguen patrones ocultos. Levantamos nuestros brazos y nos transformamos en techo que ahuyenta temores, desprogramamos los mandatos sociales inflexibles, pesquisamos fraternidad y conversación. Valoramos el legado cuando el presente nos  muestra su belleza. Nos guarecemos, conocemos de incendios y tormentas, para luego retomar la senda iniciada. Las personas hogar saben que el mundo es curvo. 

Un sueño integra, se instala como propósito desde la imaginación para materializarlo en el plano concreto. Esta sometido al tiempo. Abrimos caminos al sueño, a pesar de su inestabilidad, de encontrarse sujeto a los vaivenes del agitado mar que inunda todos los rincones. Una semilla necesita condiciones para germinar. La única semilla que se abre es el amor por la tierra-humanidad, una lucha apasionada por ternura y razón. Los recuerdos son estrellas en el cielo de nuestra mente. Oda a los proyectos personales que necesitan concretarse y oda también a la resistencia de los ideales. Ambas se integran, confluyen como potentes cursos de agua. 

Las horas cuidan del tiempo, son vastas y sobresalen, en ellas juegan los ligeros y felices minutos.