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Crece la parra junto al muro


En el cielo encuentro convicciones, las ideas se vuelven tangibles y los emblemas inmortales. 
Una parra emerge sorpresivamente con la  pretensión de cubrir el muro, se expande siguiendo su intuición. Reclama por una dirección, se la doy mientras imagino sus frutos. 

Soy vid y construyo universos, la tierra es maltratada y a pesar de ello espera el momento de las revelaciones. 

Se abre el libro de la tierra, el silencio camina junto a ella enamorado. 
Silencio, violencia y miedo
Silencio, olvido y abandono
Silencio espacio finito, linde del mejor de los sueños. La esperanza apunta hacia las rosas abiertas al ritmo de las campanas. 
 
La tierra es un libro, la llevo a mi estante en la sección: clásicos para todo momento y lugar.
Tierra cubre y sepulta
Tierra exije, una siembra y diversas cosechas 

En la tierra de los humildes, un monasterio es abierto a las personas capaces de dejar sus ropas innecesarias. Para habitar el silencio es necesario despojarse, para hacerlo en una frontera mandato es el mutar. El río ofrece frutos, el camino al hogar está repleto de momentos de una persistente memoria. 

Valiente guerrera, dueña y señora de las rutinas, común humanidad guiada por sus sentidos, huérfanos del sentimiento protector. 

Gorbea eres mi lugar seguro, verdosas aguas de transparencia y profundidad. Gorbea de espíritus: dueños de los rincones y amigos de los ancestros. Ave, peces y animales son presencia. El espacio se conquista con una hilera de niños hacia un altar de flores. Gorbea eres semilla, flor y fruto, el verano es tibio, la tradición es cálida. El mundo más allá de la montaña  está repleto de senderos conectados entre sí. 

Gorbea tribal, levanta tus ojos a mirar más allá del horizonte acostumbrado y crea con ello tu propio norte. Te aguarda un camino de bosques y desiertos, un riachuelo y muchas cimas donde observar. Camina y contempla tu propio atardecer junto a la mágica y sonriente wüñelfe. 

Estrella de la ternura, anhelada hermana mayor de los que buscamos pausadas respuestas a las preguntas trascendentales. 

Cuarzos y caracolas marinas


Reconocí un mensaje oculto, arquetipo universal
una intuición resguardada entre pinos y quebradas
mundo del viento, la tierra, el fuego y el agua.

Cuarzos son base para una copa de metal
conchas marinas en el plano material
cielo finito rodea a la luna madre
estrella resguarda la certeza inmortal.

Sonidos transportados en caracoles
piedras extraídas de selecta propiedad
espirales miran a todos los rincones
copa sostiene las perseverantes ilusiones.

Una imagen que habla en directo mensaje
contemplación ilumina nocturnos paisajes
mística creadora de universos inconscientes
verbos necesarios y símbolos sonrientes.

La intuición transmite sus deseos
intenciona futuros y nutre anhelos
camino de chamanes es metafísica de amor
cáliz de sagrada unidad y blanca preocupación.

Elevo energía para la protección de la vida
canalizo los sonidos guardados y los atraigo
siembro palabras amables y construyo altares
perpetúo el espiral de bendiciones esenciales.

Quinto escrito fraterno: Mis estatuas


Continúo con la serie de entradas llamadas "escritos fraternos" en las que saludaré a los países que han tenido un gran número de visitas en este Blog. Hoy compartiré una revisión especial de un poema de Henri Michaux  que se llama "Mis estatuas". Al reflexionar me doy cuenta de lo lúdico que puede resultar el pensamiento simbólico, anclado en una realidad muy concreta de sueños e ideales. Rescatar este poema es relevar a la Bélgica europea, símbolo diario de una cotidianidad continental de encuentros y desencuentros. Todo un proceso de convivencia orientado por la convicción. Re leeré sus versos y escribiré prosa junto a ellos.  


Tengo mis estatuas. Los siglos me la legaron: los siglos de mis expectativas, los siglos de mis desalientos, los siglos de mi indefinida, de mi inextinguible esperanza ya lo hicieron. Y ahora están allí.

Disfruto de mis estatuas a simple vista inamovibles, representaciones e ideas previas de lo que puede ser real,  el consenso convertido en memoria. Mis estatuas son parte de un edificio de galerías anchas, iluminadas por el sol de la mañana que habitualmente las sorprende. Estatuas que se miran unas a otras mostrando los detalles de sus rostros deseosos de futuro. No podría imaginarme el tiempo destinado a confeccionarlas, recogerlas y organizarlas. Mis estatuas danzan, son círculo; caracol desde la lejanía hacia un centro majestuoso y elevado. Son dioses de mil caras con manos que apuntan en cinco direcciones. Mis estatuas han aprendido a moverse, se aquietan también, inspiran y conspiran en un universo nocturno. Animales y seres humanos, cuerpos animados, espejos de quienes las miran.

Como antiguos vestigios, apenas si alguna vez comprendo el sentido de lo que representan. Su origen me es desconocido y se pierde en la noche de mi vida, donde solo sus formas han sido preservadas del inexorable barrido.

Estatuas que se diluyen, cobran vida, mueren y resucitan, reencarnan o se extinguen en la nada. Mis estatuas se organizan, confabulan para cambiar de orden. A veces me sorprenden,  yo creo que tienen gran soltura, juegan con la luna y sus cambios. Son amigas de la noche y se transforman en semillas,  ellas eligen  el lugar para crecer siguiendo las milenarias tradiciones. Hay otras que caen. Ocurre que es un momento místico, muy serias desarrollan el celosamente guardado ritual de agradecimiento. Luego de ello,  y con mucho respeto se reparten trozos de la caída para ataviarse. Mis estatuas son vanidosas y egocéntricas, siguen la visión oriental, ya que también son organizadas y ceremoniosas. Un poco de oscuridad en la luz y otro de luz en la oscuridad.

Pero están allí, y cada año su mármol se endurece más, blanco contra el fondo, oscuro de las masas olvidadas.

Están allí, no se irán. Se desafían, se conectan y dialogan. Son un todo y son partes. Aprenden en la ayuda y en la discusión, se quieren y son amables entre si, construyen un universo de expresión. Las que se aislaron, las que optaron por un camino solitario, dejaron de compartir, se endurecieron hasta terminar oscuras, apagadas y sin vida . Este destino es peor que caer. Asumo que con este  fatal camino a veces siento miedo y otras compasión. A pesar de esto, también brindo por ellas, las que fallecieron en la oscuridad del individualismo, las que se quedaron pegadas en el mundo que ya no está. Ellas sentaron bases para que las otras crearan este cosmos de infinita expansión desde esos protegidos puntos ciegos de las galerías vigiladas. Honro y celebro las que aprendieron de la luna y su danza nocturna porque de ellas será el futuro. 

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Si les gustó esta  sección, comparto un link para que visiten los demás escritos fraternos 

https://laventajadenocontenerse.blogspot.com/search?q=escrito+fraterno