Poema a cuatro pequeños momentos que casi se olvidan.



Las palabras a veces se enredan
y los cuadernos se extravían,
el tiempo hace rimas de objetos,
reflejos de búsquedas creativas.

Cuatro  es un número mágico;
cósmico del universo estable.
La coincidencia la construye
un par de logros perdurables.

Son diversos momentos,
promesas de escritura;
atrapadas en el oscuro cajón,
intenciones que no perduran.

Uno o el tesoro guardado del armario.

Sintético cuento de sabanas blancas,
testimonian sus pulcras monedas,
que suman estampas coloreadas.
Antes de partir tu alma ya regalas.

Dos o el regreso al pueblo donde trabajé la primera vez. 

Soy gigante en la tierra de la historia,
observo el espacio de angosta dimensión,
solo regrese a mi punto de renacimiento
tras el recuerdo de aquella primera comida.

Tres o el comienzo de un terremoto.

Los vasos comparten sonidos,
tiembla el dolor de los cristales
que optimistas comienzan la fiesta
y se esparcen por los puntos cardinales.

Cuatro o una caminata de primavera.

El eterno invierno lucha por un lugar
en la tierra habitada por delicadas rosas,
los señores de la ternura denuncian
que incomprendidas espinas lo disfrutan.


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