Un conflicto que existe por lo necesario


 Cima del Cerro Ñielol, Temuco- Chile Álbum fotografico de Javier Michael


Cruz es el lugar donde el horizonte se conecta con tu mirada
coordenada de cuatro dimensiones, cielo y tierra,  agua y fuego 
estar en el centro es complementariedad, 
velar por la armonía y  equilibrio originario
ser humano lleva consigo una digna responsabilidad.


El Ñielol es un cerro o pequeña montaña que resguarda a Temuco en la región de la Araucanía. Mirarlo es mirar profundidad, oro verde y bello tejido elaborado por la dedicada Ñuke mapu (madre tierra). Contemplarlo es valorar el patrimonio del Wallmapu o universo mapuche. En el plano físico; las diversas texturas, el aroma de las hojas convertidas en alimento para el ecosistema, el canto de aves y viento entre el follaje; los sabores de aquellos frutos silvestres, un tesoro que solo encuentran los que saben buscar. Pero también hay planos espirituales orientados a la trascendencia que da sentido a las cosas. La armonía es necesaria para soñar un futuro con vida y cultura. La humanidad que instintivamente a buscado espacios para la contemplación, a generado los arquetipos universales que sustentan la simbología que fortalece el sentipensamiento de identidades y colectivos. Es el viaje, el peregrino, las cumbres, el encuentro con el cielo, los bosques, los caminos. Un tema para la constante reflexión que he comenzado con las pistas que observé del Tibidabo en Barcelona y su montaña Sagrada.

Conozco lo profundo y el agua  pide ayuda, 
conozco la tierra y me clama por descanso
conozco aire que en direcciones me inquieta.
Cuatro es raíz y fortaleza, sostén de una proyección estable,
cuatro es el perfecto apoyo, mundo para admirar,
solo dejar que todo fluya, de acuerdo a su orden natural.


Hoy quiero compartir sobre el lugar que Temuco está obligado a ver y que nos acompaña desde aquel tiempo mitológico posterior al momento del gran diluvio. Después de una gran pelea entre dos serpientes cósmicas, Kay- Kay del agua y  la gran Treng- Treng de la tierra. Ambas se retiran a su descanso, el mar retrocede y la tierra levanta montañas. Una cordillera de Nahuelbuta en la costa  sería su lomo y este cerro su cabeza. Un amigo, peñi (hermano de tierra), hace un tiempo me hablaba de haber estado allí, en la siembra (instalación) de esta gigante familia en lo que también suponen habita un volcán dormido. Sin duda, una extraña fuerza que se siente, pero que no se sabe explicar.

Treng- treng  nos mostró su compasión,  
nosotros la escuchamos y la obedecimos en su gran saber
 fuera del orden están los animales y las piedras,  indigno es no responder. 
Hoy somos frontera y  una herida abierta que solo a ella se mira 
ser humano es el centro de una digna responsabilidad.

La fotografía que les comparto es de los chemamull. Con ella nos encontramos, cuatro pilares de un escenario para una ciudad que necesita observarse para trascender. A diferencia de otros símbolos, esta no llegó de lejos, sino que se encontraba entre las raíces de los árboles y las cuevas de animales. Habitaba en la profundidad, junto a los entierros de nuestras familias. Es el agua que brota desde la blanca cordillera buscando un camino de  reciproca bondad antes de entregarse al mar. En el kultrun, se muestra la ruta, un código que mantiene este mensaje. Imaginario circular, proyección del universo conocido. El número cuatro es seguridad, el principio de la no actividad porque es absoluta confianza en la tierra que se mueve agradeciendo sus cuidados. Un centro humano mapuche vigilante que se proyecta a los cuatro rincones del cosmos.

Somos frontera del humano vivir, 
reaccionamos a la explotación mas ruin que quita vida y abundancia  a nuestro espacio
somos la frontera, el tránsito entre conformismo y el compromiso
somos frontera, llamados a ver, a criticar y ser consientes de no reproducir 
somos frontera,  de la histórica convivencia 
 rigidez del que domina  y esa hermosa sensibilidad del que toma espacios. 

Hoy en la continuación del viejo hábito humano de reflexionar un camino espiritual, reviso estos cuatro astros que simbolizan la familia mapuche, aspiración y buen augurio del Pueblo primordial. Lugar para recordar aquel mito de unidad y trascendencia milenaria. Cosmovisión de dos planos y cuatro rincones; vientos y horizontes, personas destinadas a forjar un colectivo. Comunión y  küme mognen para los hombres y mujeres rectos y observadores. Cataclismo fundacional para un destino de construcción convertido en resistencia. El Pueblo es mandato, trawün para compartir todo ese trabajo y consejo que la Tierra nos heredó como newen..

Somos conflicto entre las más obstinadas; 
indiferencia y  resistencia.
Un conflicto que existe por lo necesario 
conflicto que  es ley  y orden de nuestro universo fronterizo: 
 la certeza de que  seremos mejores personas solo si probamos alternativas.


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