Grazie Italia


Querido Amigo, 


Un día hice el propósito de escribir repasando en mi memoria los lugares que conocía. Mi intención es simplemente compartir, actualizar este ejercicio humano que comienza con miradas y gestos, para con la madurez transformarse en palabras y actos. La vida nos lleva a distintos lugares, separándonos y reencontrándonos en un flujo sin fin. Hoy elijo tenerte conmigo, símbolo de lo apreciado como importante y a veces más significativo que los mismos lazos de sangre. Amigo eres tú y todos, el y ella, eres el amor por la tierra que es mi mundo y por el planeta que es el universo en el que aunque nos sintamos insignificantes y lejanos en el apartado Chile, de verdad que influimos. Acción concreta y no acción práctica para un mañana mejor. Gracias por estar ahí.

Octubre 2018

Italia es equilibrio de modernidad e historia, de industrias y castillos, coches y construcciones antiguas. Lo anterior teñido con un exquisito verde, excelente combinación para todo desarrollo de un país. Me dio gusto ver una bien cuidada vegetación que sin grandes pretensiones muestra calidez.  Llegamos a Milán, ciudad grande y con tradición; no puede ser de otra manera, el duomo y sus vidrieras en el centro histórico o la ultima cena de Leonardo están guardadas en su corazón. Por otro lado el castillo Sforzesco, una fortaleza defensiva  y su batalladora historia con reinos vecinos es un gran monumento,  allí tuve en frente al medievo con sello itálico. En todos lados  mucha pasta y pizza, restaurantes, esculturas y arte. Fotografías blanco y negro frente al teatro donde Verdi y otros grandes de la música se presentaron. Me sentí en un sueño, un ajedrez iluminado por el brillo de un gran foco en los lentes de un maestro, mientras el dragón  de la ciudad escupe un ser humano de fuego.

El sur es convertido en arquetipo de alimentación. La casi universal figura del hijo en lejana estadía por un norte frío e industrial. Una encomienda es seña de preocupación, cariño verde en casera conservación. 

Venecia es pensarse flotando en un mar acogedor, un millón de posibilidades desde un inicio protector. Era un siglo V de mucho tránsito y guerras con un norte amenazante de pueblos germanos. En la ciudad, se observa la tierra firme y sus callejones rodeados de calles y avenidas acuáticas. No hay coches; nada que tenga ruedas. Un especial sistema de transporte, el vaporetto y sus paraderos flotantes hace las veces de metro, tren y autobús. Me sentía en un extraño mundo,  intenté  hacer familiar todo lo que veía a través de todas las imágenes previas de la ciudad que brincaban en mi mente emocionada. Venecia es armas, comercio y acción. Escenario de misterios, música y espías,  carnavales, góndolas y lanchas. Es patrimonio de la curiosa humanidad siempre adaptándose a los escenarios cambiantes.

Buen vestir, correcta tela; moda de siglos y actitud duradera. Es el cuerpo un terreno propio, un ejercicio de agradecimiento por un vivir suficientemente bueno capaz de hacernos sentir grandiosos.

Florencia, es un museo al aire libre, el patrimonio familiar de los dueños y señores Medici creadores de un presente grandioso para un futuro de esplendor. Todo allí es finamente cuidado, no se si alguna vez los artistas y sus mecenas pensaron que sus esculturas durarían más de seiscientos años. Trascendieron guerras, terremotos y volcanes. Santos vigilantes de una catedral al aire libre. El desnudo femenino es recurrente, sin embargo la presencia del cuerpo masculino es mayor. Fina masculinidad de bellos héroes, grandiosos guerreros y seres Divinos. Estatuas de ilustres que parecen ciudadanos de eterno paseo por la ciudad. Esculpir era situarse en el espacio de los hijos y en los de estos y así hasta el apocalipsis. El puente Vecchio, estructura medieval; paseo, mercado y mirador, calle, vitrinas y barrio. Un ejemplo renacentista de todo el potencial que cualquier mínima obra podría tener por delante.

Castillos en la cima de una geografía de alturas. Fortalezas y casas señoriales observan  los planos y  el tiempo que avanza en sus pies rocosos. Sus faldas verdes las convierten en señoras distinguidas que muy sólidas vigilan el cotidiano espacio colectivo. 

Roma es una vía  para un paseo en el tiempo. Pasar ahí es ver esa primera roca sostenedora con la que se levanta el imperio de lo permitido en el cual se construyó el edificio en que nos cobijamos.  Roma es comida, vino, lácteos, quesos y pasta misteriosa por su textura y consistencia particular. La humanidad sintetizada en una calle, de la plaza Venecia hasta el Coliseo. Las construcciones romanas hasta la edad contemporánea hacen de la arquitectura un arte y una gran obra de proyecciones temporales. Blancas estatuas, de una vida agitada  al observar todos los colores de una curiosa humanidad turista cada vez más orgullosa de sus diferencias. Me sentí acogido por un amable sentir a pesar de la lengua, las personas hacían esfuerzos por mostrarte el camino buscado. Todos los caminos conducen a la ciudad del buen cuidado pasado.

La música televisada es un gran aporte sensorial. Colores melodiosos de tradición y letras solitarias. Grandes voces italianas para la transmisión actual de un idioma de bellas palabras, gestos y fuertes entonaciones.

En Roma todo es valioso, primero en las razones de la memoria, después en el bolsillo que nunca fue gran preocupación. Mirar atrás es orgullo. Defecto en nuestro sur de pasado colonial donde solo se ve adelante con cierta impulsión innecesaria. Ver atrás es sabiduría y sustentabilidad, proyección para trascender con lo mejor que se tiene. Visitar lugares siempre me provoca una cuota de nostalgia por los míos, solo no estoy, el fruto lleva grabada la historia del árbol en su semilla. Desde ahí reflexiono ¿quien gana en el universo de los libros de historia? ¿son los esclavos y sus reinos derrotados que levantaron lo que hoy vemos? o ¿los guerreros gestionadores de la riqueza que proyectaban  poder en obras para su gloria eterna? De alguna manera toda la tierra aportó a Roma como parte de la vieja Europa, esa que es cuna de una sociedad occidental que desde su inicio nos ha mostrado supremacía, guerras y con ello reproducción de desigualdades. Hoy en esta época en que tenemos un nivel de conciencia universal como nunca antes visto es que  cabe reflexionar sobre la amenaza de replicar viejas estructuras siguiendo a quienes les gana el afán anacrónico de sentirse centro del mundo. Terminar con ideas etnocéntricas es una lucha personal por haber dejado hace mucho de ser útiles para los desafíos de sobrevivencia y humanidad que como planeta hoy tenemos.

Salud y buen vivir

                                                  Paulo Vill


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